domingo 15 de noviembre de 2009

No puedo pintar.

Se murió mi austriaco adorado. Me dejó, tan joven él, tan inesperadamente.
Él, al que yo vi en la bienvenida de cachimbos y pensé "ojalá me enseñe porque se parece a mi papá".
Él, que me dio mi primerísima clase en la Facultad de Arte.
Él, que me hablaba marcianadas con su acento alemán.
Él, que andaba paralelo al mundo y caminaba como volando.
Él, que me enseñó casi todo lo que sé.
Él, que está clavado en mis conocimientos básicos de pintura.
Él, que estuvo presente los 3 primeros años de mi carrera.
Él, al que ampayé tocando la viola en Carmina Burana.
Él, con el que me sentí feliz de estar cerrada en su oficina hablando de klezmer.
Él, que me mandó un mail dándome otra oportunidad para un parcial.
Él, que se rió de mí en los últimos dos exámenes finales.
Él, que tenía que estar en mi próximo examen final.
Él, que me hizo polvo en mi último examen parcial.
Él, al que le gustó mi autorretrato y me dijo que le corrija el ojo.
Él, al que veo en todas mis chambas.
Él, al que recuerdo en cada concepto.
Él, que me hacía los comentarios más inéditos.
Él, mis parámetros artísitcos.
Él, al que mostraba con ansias mis trabajos para que vea colores inexistentes.
Él, mi favorito de todos.
Él, que siempre dejaba en silencio a los demás profesores.
Él, que lo último que me dijo fue que en Alemania los espejos rotos dan buena suerte.
Él, al que me hubiera gustado hablarle muchísimo más.
Él, que se ha llevado a la tumba tantísimo conocimiento.
Él, que me ha dejado huérfana.

Adiós, Michael. Nadie sabe la mucha falta que me vas a hacer.

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